domingo, marzo 27, 2005

Papá Noel y la ingenuidad

No sé ustedes, pero yo tuve una infancia relativamente feliz. O por lo menos así lo recuerdo, aunque también sé que muchos malos recuerdos juntan polvo en el cajón del olvido, bendito sea.

Pero a lo que voy es a rescatar el recuerdo de una noche muy especial, la noche que me probaron la existencia de Papá Noel. Sucedió un 24 de Diciembre a la noche (¿cuándo sino?), cuando aún vivía en San Isidro, a la edad de 7 u 8 años. A esa edad aún creía en Papá Noel, aunque tal vez mi fe en el barrigón había decaído un poco porque nunca lo había visto hasta entonces.

Claro, había oído muchos relatos de compañeritos de colegio contando cómo lo habían visto, espiando por el ojo de una cerradura, en el crucial momento de dejar los regalos. Las historias de todos los testigos coincidían en lo fundamental, así que tenía que ser verdad, ¿no?

También había algunos especímenes (a los que clasificaba como infelices, amargados, ignorantes - o sea, escépticos en potencia!) :-) que se atrevían a poner en tela de juicio el dictamen casi unánime de nuestros padres acerca de la existencia se un sujeto obeso, entrado en años, residente del polo norte, conductor de un trineo volador, que distribuía obsequios a los menores de edad de todo el planeta en el transcurso de 24 horas todos los 24 de Diciembre.

Estos escépticos amargados decían que sus propios padres les compraban los regalos, lo cual no dejaba de ser lógico porque era de todos sabido que Papá Noel no traía regalos a quienes no creyeran en él, así que los padres debían sustituirle.

Y siempre aparecían mágicamente los regalos bajo el árbol, generalmente mientras salíamos a caminar algunas cuadras observando el cielo nocturno en un vano intento de descubrir un trineo en vuelo. Por alguna razón (febriles expectativas probablemente) nunca relacioné la aparición de los regalos con la tardanza de alguno de mis padres en salir a la calle, o su sorpresiva necesidad de volver para ir al baño.

Pero una noche, al entrar como siempre después de la salida y encontrar los regalos bajo el árbol sucedió algo nuevo: desde el pasillo a oscuras que daba hacia los dormitorios de la casa se escuchó un fantasmal "Ho Ho Ho!!!".

Hacia allí corrí a toda velocidad, y tardé unos 30 segundos en registrar los cuatro dormitorios y cerciorarme de que estaban vacíos. Pero la ventana de mi dormitorio estaba abierta de par en par, y al pie de mi cama, las sábanas arrugadas como si alguien se hubiera sentado allí.

En ese instante yo habría jurado que Papá Noel existía, amén de las experiencias de mis amigos había visto y oído lo suficiente por mi propia cuenta. Perdían importancia preguntas como por qué los regalos eran de marcas comerciales si se suponía que se fabricaban en el polo norte (es que a Papá Noel le resultaba mas económico comprar los regalos que producirlos), o por qué las jugueterías hacían tantas ofertas especiales al acercarse la Navidad (para hacer la competencia claro, si Papá Noel regalaba tanto las jugueterías perdían clientes), o cómo volaban los renos (magia!), cómo entraban tantos millones de regalos en una bolsa (magia!), o cómo cubría todo el mundo en 24 horas (magia otra vez!), por qué los regalos de los niños siempre se ajustaban a la capacidad adquisitiva de los padres (¿qué sabe Papá Noel de justicia social?).

En fin, nada mejor que la sólida evidencia del "HoHoHo!" escuchado por mis propios oídos, la ventana abierta y las arrugas en la sábana de mi cama...

¿Que había sucedido en realidad? Mi padre había grabado un "Ho Ho Ho" en una cinta y la había colocado en su equipo de audio en su dormitorio, y había abierto la ventana. Cuando entramos y yo tenía la atención fija en los regalos, utilizó el mando a distancia para activar el equipo en su habitación, provocando un golpe de efecto fenomenal. Cuando corrí hacia el dormitorio apagó nuevamente el equipo a distancia para que no lo viera en "on" ni se me ocurriese ver qué había en la cinta, pero ni por asomo se me ocurrió pensar eso. Las arrugas en mi cama eran casualidad.

O sea que bastó poner algunos de los elementos que esperaba mas o menos donde los esperaba, y yo solito me armé toda la historia de acuerdo a mis expectativas. Tomé lo que me gustaba y deseché lo que no me gustaba, y encajé las piezas a la fuerza para armar un rompecabezas a mi medida.

Y no pasó por mi ingenua cabecita la posibilidad de que me estuvieran engañando, menos aún sospechar de mamá y papá. Esto sobre todo es fundamental para convencernos de un fraude, el creer ingenuamente en lo que nos dicen.

Y así funcionan también los engaños pseudocientíficos. Falacias varias, pensamiento selectivo, validación subjetiva, refuerzo comunal, engaño, en todos ellos caí para llegar en ese momento a la conclusión de que Papá Noel efectivamente existía y había estado presente en mi casa momentos antes.

Sobre todo quiero destacar el rol que juega nuestra ingenuidad, la confianza en la persona que tenemos delante, que es la que nos hace caer. Como si por el hecho de estar esa persona en nuestra presencia fuera creíble lo que nos dice. No nos gusta pensar que nos pueden estar engañando descaradamente. Yo mismo me siento incómodo cuando alguien intenta seriamente convencerme de que las flores de Bach o la homeopatía curan enfermedades, o que los horóscopos realmente predicen el futuro, o que la ouija funciona. Pero sigue la cosa:

Uno o dos años despues comencé ponerme un poco escéptico, principalmente creo que porque todos mis juguetes estaban hechos en China, Taiwan, Argentina, Brasil y España. Recuerdo que una vez pense en revisar a escondidas la contabilidad de mi padre para ver si encontraba las erogaciones de la compra de los regalos, pero al final encaré a mi madre un día y esta me confesó la verdad. Y me hizo cómplice para que no se enteraran mis hermanitos.

Igualmente no se puede decir que con descubrir la falsedad de Papá Noel me haya hecho escéptico, mi pensamiento mágico simplemente viró hacia el Triángulo de las Bermudas (de la mano de Charles Berlitz), la criptozoología (guiado por la revista Conozca Mas), la maldición de Tutankamón (¿Conozca Mas?), la Atlántida, la Isla de Pascua, las Líneas de Nazca, los OVNIs (Conozca Mas otra vez), fantasmas, etc... Al menos no me metí con las artes adivinatorias (astrología, horóscopos, péndulos, etc...) ni las medicinas alternativas (por suerte).

Ahora tomen la historia real que acabo de relatarles pero reemplacen a Papá Noel por cualquiera de los fraudulentos tópicos mencionados en el párrafo anterior. Verán que aparecen algunas similitudes asombrosas...

12 Comments:

Anonymous render said...

Yo reemplazo Papa Noel por Jesucristo y me sale lo mismo.

8:44 a. m.  
Anonymous render said...

Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.

8:46 a. m.  
Blogger El Escéptico Cristiano said...

Imaginaba que alguien comentaría algo así y hasta agradezco que lo hayas hecho. Te entiendo, yo pense parecido mucho tiempo, pero para explicar las diferencias hacen falta mucho tiempo y mucha discusión. Pero básicamente te comento que mi elección por el cristianismo pasa por un lado por una cuestión de sentimiento (que sé que es irracional y eso no lo discuto) pero por otra parte porque encuentro que es la religión mas conciliable con la razón. En entradas futuras me explayaré mas sobre mi relación con la fe.

5:28 p. m.  
Anonymous render said...

¿El cristianismo la religión más conciliable con la razón?.
No sé en qué mundo vives pero en el mio se dan las premisas mínimas para afirmar lo contrario.
Pásate por www.pepe.rodriguez.com
Te enseñará cosas de tu Iglesia que si tienes un mínimo sentido racional y científico puede hacerte cambiar de opinión.
"Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica" es el libro que mejor te lo explica, sin entrar en cuestiones de fe, que eso, poco tiene que ver con la razón.
saludos.

6:05 a. m.  
Blogger Hairanakh said...

Reconozco que no he leído el libro de Pepe Rodríguez sobre Mentiras de la Iglesia Católica (aunque he leído algún otro libro suyo sobre sectas en España). Y no lo he leído precisamente porque me pasé por su web... y resulta que la mayor parte de las "grandes mentiras" son cosas que la Iglesia no sólo no oculta, sino que vienen en cualquier libro de teología católica mínimamente serio (y ortodoxo, y "para todos", no sólo para la gente que estudia para curas). Tengo la impresión de que el señor Pepe Rodríguez aprovechó el tirón de sus trabajos más serios para escribir un libro superficial (a lo mejor me equivoco si lo leo, pero no me gusta tirar el dinero).

Alguna de sus "perlas", sacadas directamente de la Ficha del Libro:

- "Jesús no pasó tres días y tres noches en su sepulcro, sino ¡un día y medio!, incumpliendo así su profecía más famosa". Cualquiera que haya leído el evangelio se da cuenta de eso. Cualquiera que conozca cómo contaban los días los judíos sabe que desde el viernes por la tarde hasta el domingo por la mañana, aunque sea "un día y medio" de tiempo real, se habría contado como "tres días": viernes, sábado y domingo.

- "Tres de los cuatro Evangelios no son obra de apóstoles sino de autores que jamás conocieron a Jesús". En efecto, los Evangelios se comienzan a escribir hacia el 60 d.C y el último (Juan) es cercano al año 100 d.C. Probablemente los apóstoles ya estaban muertos por esas épocas. Pero es que eso viene... ¡en la introducción de cada uno de los evangelios que hay en cualquier biblia!

La religión es criticable. El cristianismo es criticable. La Iglesia es criticable (¡y mucho!). Pero no hay que creerse cualquier crítica como si fuera el no-va-más, no sea que se trate únicamente de cuatro ideas mal puestas sobre un tema del que hay cientos de trabajos mucho mejor documentados.

h

3:15 a. m.  
Anonymous seti said...

Hairanakh....léetelo.
No te arrepentiras. Es de los libros más documentados que he leido sobre el tema y he leido ya unos cuantos.
Hace un repaso muy estricto, casi demasiado meticuloso pero muy esclarecedor. Además, muchas de la mentiras de las que habla se pueden contrastar con otros autores.
Ya me contarás.
Un saludo.

5:40 a. m.  
Blogger Hairanakh said...

Vale, Seti, lo buscaré por ahí. Si saco tiempo y me lo leo... ya comentaré algo; por aquí o en mi blog.

Ya te digo que la impresión que me dio al leer su página web es que no decía nada más que obviedades, básicamente. Pero puede que el libro mejore con respecto a su sinopsis.

Veremos...

h

10:29 a. m.  
Blogger El Escéptico Cristiano said...

Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.

3:37 p. m.  
Blogger Gerardo said...

Yo saco en claro que tus padres son muy majos.

Un saludo

1:54 a. m.  
Anonymous eliana said...

quiero que este año me vengas a vicitar en persona y quedarte un ratito a ver mi obra maestra es decir la mia y la de la navidad y los chicos que no creen en ti sorprendelos con amor eli

10:34 a. m.  
Blogger Fall said...

Personaje interesante este escéptico cristiano. ¿No habrá por alli un mail para contactarlo y discutir un rato con él?

-Bent (jairo_1060499 en hotmail)

2:53 a. m.  
Anonymous José Luis said...

La obra de Pepe Rodríguez como "investigador" o "literato" o lo que pretenda ser (sus libros tienen pretensiones de algo) lo dejan quedar en un puesto realmente lamentable...un vendedor de chorizos, sin más. No me molestaré en decir nada más acerca de este personaje.

Por lo que respecta al artículo en sí, diré que la vida de una persona está jalonada de descubrimientos que van rompiendo ese mundo de fantasías infantiles tan dulce que algunos vivimos:
- Para mí los truenos eran dos nubes que chocaban, según mis padres. En un futuro descubrí su "mentira".
- El día que descubrí que los dibujos animados no hablaban con su voz también se "rompieron los esquemas" de mi mundo infantil.
- ¿Y lo de la cigüeña?, ¿Y el Coco o sus variantes?, etc.

¿Qué hubiera sido mi infancia sin todos esos personajillos y explicaciones?.

Yo, como católico, creo y amo la verdad -que es única- que es Jesucristo y la Obra que dejó: su Iglesia.
Una Iglesia llena de errores (por algo la fundó sobre Pedro y no sobre Juan, su discípulo predilecto) pero que camina segura porque su pastor no yerra y quien la anima tampoco.

7:19 a. m.  

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